50 y crea, un colectivo amante de la literatura

Todo comenzó alrededor de una enorme mesa, envueltos por mil tarros de porcelana. Afuera, un ciprés que no lo es, nos lanzaba miradas de viejo altivo, cargado de leyendas y colmado de misterios.

Era Matilde quien nos relataba, con su voz de melocotón y de sal del puerto, las historias de las ventanas que se abren, de las luces que se encienden, de los pasos que se escuchan, de las siluetas desertadas de la morgue y de los perros que no cruzan la línea transparente, pero aterradora, que parece dividir lo real de lo imaginario.

Con muchas cosas que contar

Nos encontramos por vez primera, con la literatura como telón de fondo y la décima edición de Cosmopoética como coartada, en la vieja Facultad de Filosofía y Letras, el antiguo hospital, la propia Matilde, Andrés, Rosario, Paqui, José Luis, Pilar, Loli, Gregorio y Sonia; sumándose luego Remedios, Paco, Dolores y Encarna.

Nació así el colectivo 50ycrea, un grupo de amigos y amigas que han superado el medio siglo, a los que les une su amor por la literatura y que tienen muchas cosas que contar.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

ESPLENDOR EN LA BIBLIOTECA VIVA DE AL-ANDALUS







Cuando el corazón se queja,
 deja escapar, 
con cada suspiro interior,
 un ramillete de hirviente lava,
difuminando estrellas sobre el blanco lienzo.





Así fueron los versos, que se dejaron entrever sobre los bizarros muros, del salón principal,  de la Biblioteca Viva de Al-Andalus. Así, nuestra querida Matilde Cabello, nuestra desinteresada Maestra, nos ofreció unos retazos de sus vida, haciendonos ir y venir, unas veces al mundo cercano de las "circunstancias", como a ese otro mágico de Al-Andalus.
Como no, elogiar a sus compañeros en las letras: Alfredo Jurado, Calixto Torres y José Antonio Fernández, los cuales nos hicieron pasar momentos de notable excelencia. 
Buen empiece de curso en los actos de la Biblioteca Viva del Al-Andalus.
Andrés Osado Gracia

LOS COLORES DEL OTOÑO EN SERON:




 Llegando la feria de Baza en el Almanzora es ya otoño. Se nota en el frescor de la tarde, con su brisa fina y quieta, como un hilo conductor de la templanza veraniega que declina; como una percepción en el medio ambiente que bulle entre las dos cordilleras. Al veintitantos de septiembre los higos de las higueras pierden el sabor propio, y maduros caen por su peso al suelo hasta dejar el árbol sin fruto. Por San Miguel es propiamente época otoñal. En las choperas de Alcóntar las setas ya han salido, y las fuentes parecen como estabilizadas en la afluencia de los acuíferos.La manga corta toca a su fin, especialmente por la mañana, cosa que el cuerpo nota hasta calar los huesos con el vientecilo gélido más común de noviembre, que abre el día de los santos con la destemplanza y la invernal temperatura que hasta marzo no cesa. El tiempo revuelto pasando el Santo de Cristo de Bacares es una inquietud constante para los agricultores, cuando ven asomar las nubes por la Sierra de Baza. La nuez, ya en el árbol, muda la piel en su madurez anunciada cuando abre la cascara. La vendimia ya en su fase final pende de un color espumoso, dulzón y dorado para cortarla en dirección al lagar. El membrillo amarillo en la rama pujante espera clarificador la nota de la recolección con una mesura ilustrativa en los campos. Los retoños del hinojo siempre fresco, como condimento para los guisos, o algunos espárragos esporádicos que nacen sobre la tierra le dan aroma y sabor a las comidas guisadas. Saludos José Francisco Garcia

lunes, 6 de junio de 2016

Meditaciones:



Cuando ya el mundo  deplore con su radio de acción  la tensión,
cuando esta vida con la pesadez ya empuje con su diatriba,
cuando este terrenal convencimiento ya nos asalte con el trajín,
elevamos nuestro tesón a una mejor respuesta,
a una razón convincente,
a una extensión de la serena confianza en nosotros mismos.
Qué perdure en todo aquello que nos rodea,
que sea sensible a lo cordial y el buen royo,
a la mejor de las alternativas que nos aliente
y nos transforme el ánimo.
Por donde todo transcurra con una normalidad
que fomente nuestro discurrir,
donde se abra paso el buen pensamiento,
el criterio propio,
la más elemental coyuntura
que nos motive a una realidad sosegada, natural y hermosa.
Abarcamos la  notable existencia
como el devenir más seguro.
Ponderamos la convivencia con la gratitud de levantarnos cada día.
Reflexionamos frente a la vulnerabilidad que nos asedia,
porque en ello nos va el juicio sensato de la inmediatez y la consecución de cuantas consideraciones creemos  más oportunas.
Volvemos cada jornada a empatizar con el prójimo,
a andar una "milla extra" con buena disposición,
a continuar con el axioma que nos depara los músculos relajados,
avanzando hasta donde nos es posible en cada paso.
 
Jose Franciosco García

domingo, 28 de febrero de 2016

CON TU VERDADERO NOMBRE



 
 
El dorado horizonte,
súbitamente, 
como en un estruendo,                                   
despertó a una realidad no deseada: 
manto helado de libertad cautiva
sobre la tierra recién labrada.

Sobre el asfalto, un crujir de ruedas
rompió el silencio.
Negra noche usurpadora,
oprimiendo gargantas
y lanzando gritos de agonía;
sin compasión, se paseó altanera,
reclamando su irracional tributo
al dios de la tiranía.


He bajado hasta el río
a escuchar historias de esperanza,
pero no te he encontrado.
Tu voz, vieja amiga,
ya no estaba allí.
En su lugar,
un sin fin de anhelos caídos.


Ni la cantarina fuente de entonces
se atreve a pregonar tu ausencia

¡Silencio, sólo silencio!
Nada delata el lugar de tu descanso:
ni la ajada tapia,
ni la cansada encina,
ni la desolada cuneta del camino.

¡Qué verdad antojadiza e irreal! 
¡Has tornado el color de la esperanza
en rojiza enseña de angustia y agonía!
¡Dormida voz de justicia,
prisionera entre espinos y guijarros!


Llegará un amanecer,
con mis manos, apartaré 
la tierra que te aprisiona y esconde,
hasta acariciar tus huesos olvidados.

Luego, cuando descanses,
con tu verdadero nombre,
señalaré tu sitio
con un millar de primaveras abiertas

Andrés Osado

martes, 23 de febrero de 2016

Era una mañana y abril sonreía,
unos caminaban, otros a caballo,
las carrozas, ¡que bonitas!
Santo Domingo en su ermita espera,
una chiquilla grita con alegría
¡Viva la romería!
Y abril sonreía...
Llega mayo, el mes de María,
Córdoba lo recibe con alboroto y alegría,
cruces, patios y cándidas sonrisas
de los que van de blanco.
En la cata una copita y alguna cosilla más,
llegamos a la feria , ¡qué maravilla de portá!
con ritmo de sevillanas dejamos mayo atrás.
Y abril sonreía...
¡Mayo rie a carcajá! 
Lola Jaime

miércoles, 17 de febrero de 2016

LA DISTANCIA

La distancia que me aparta de ti
Es lo que me hace desdichada,
Y se oscurece todo en este mundo...
Y  aquí, sigue en mi piel el hambre de tus ojos,
Que me desnudan y me hacen vulnerable e imperfecta...
Tus sueños se mezclan con los míos en un poema
Es como si ya no me faltase nada,
Solo tiempo que nos lleve por caminos paralelos
Donde tú me puedas alcanzar en el tiempo
Y yo te esperase al otro lado,
Y me lanzase sobre tu mundo
Y me olvidase de todo en ese instante,
Y solo tú, con todos los sentidos al unísono

REME.

viernes, 12 de febrero de 2016

EL REGALO



Llovía, llevaba haciéndolo durante toda la semana no paraba ni unos minutos, la humedad y el frío de forma constante empezaban a hacer mella en casi toda la gente, todo el mundo estaba de muy mal humor, alterado, con los nervios a flor de piel; había quienes se sentían realmente exasperados con aquel mal tiempo, no sabía si sonreír o bajar directamente la mirada y seguir ignorando al resto de los mortales...
El se sentía así, lo cierto era que llevaba algunos meses dentro en una enorme depresión de la que sabía que no lograría salir...
Hacía ya dos semanas que había tomado la decisión, así que hoy se acercó hasta la agencia de viajes, recogió lo que tanto le había costado decidir durante años y en sus manos lo tenía.
Subió al coche, estaba empapado, pues no había parado de llover, no cogió el paraguas para llegar hasta la agencia, le daba lo mismo, pero la lluvia incesante le fue calando hasta los huesos... No importaba, sabía que llevaba lo que quería lo guardo a buen recaudo dentro de su cartera . 
Puso en marcha el motor.
 Antes de volver a su casa, pasó por la farmacia, necesitaba reponer la medicación que le faltaba, no le hubiera gustado olvidarse de ella precisamente ahora que ya había salido. Aprovechó, hizo algunas gestiones y finalmente llegó.
 Respiró profundamente al entrar, estaba todo caldeado y el ambiente era seco comparado con el exterior, se estaba bien... Muy bien. Quitándose las ropas húmedas, se puso cómodo y espero que llegara la hora de la cena.
Todo salió como él pensaba, la expresión de ella al abrir el sobre y ver los dos pasajes, fue maravillosa, llevaba años insistiendo en que viajaran a Egipto y los mismos llevaba el negándose, por lo que al ver el destino impreso en los billetes de avión, no supo qué decirle en ese momento.
 No importaba lo que costara, le quiso dar aquella sorpresa y haría lo que fuera para que no lo olvidase jamás.
La veía feliz, y él lo estaba por ella.
Los días en Egipto transcurrieron rápidamente, los dos disfrutaron al máximo, hacían todas las visitas posibles dentro de su itinerario e incluso saltándose el programa hicieron algunas otras que resultaron ser mejores aún. Veía la felicidad en su compañera, el lo sentía y había momentos en los que le costaba no emocionarse.
Quería detener el tiempo, odiaba mirar su reloj y ver que las horas transcurrían velozmente, que los días pasaban sin demora y que sus fuerzas comenzaban a flaquear con la misma rapidez...
Antes de salir de viaje, fue al médico, al doctor, le explicó sus intenciones y él no se negó a que él se marchase, pero tampoco le dio su aprobación. Solo se limitó a preguntarle si su compañera sabía lo de su enfermedad, el doctor insistió en saber si se lo había comunicado y tras un largo titubeo le dijo que no. Él  docto, no aprobó lo de su viaje, pero viéndole tan decidido, al final le recetó la medicación necesaria para todos esos días, con la promesa de iría a verle de inmediato en cuanto volviera.
Un par de días antes de regresar, el se sintió realmente mal. Se encerró en el servicio y no cesaba de vomitar. Su compañera le llamó insistentemente, nunca antes se había encerrado y esto hizo que ella le mirase interrogativamente cuando salió.
 - Debe ser algo que me ha sentado mal.
Volvieron del viaje, todo quedó en un recuerdo, pudo ver las fotos que habían hecho ya cuando estaba en el hospital.
Su compañera le recriminó que no le hubiera dicho nada, que no se lo hubiera contado, pero él, haciendo un alarde de valentía y reuniendo las fuerzas de las que ya no disponía, Le hacía ver y recordar lo bien que se lo habían pasado durante aquel viaje.
 Justamente eso era lo que ella estaba recordando ahora, sentada en el sofá, con el álbum de fotos delante y con lágrimas en los ojos. Hacía ya diez años que su compañero había fallecido.
- ¡Mama! ¿Vienes a cenar?
 - Era su hija de siete años.
- Sí, ahora voy.
 – Cerró el álbum y con él cerró por un tiempo sus recuerdos.
                                                                 Joselu
                                                            Enero 2016

lunes, 1 de febrero de 2016








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Cuando pasamos el umbral de la cafetería nos encontramos de nuevo en el pórtico de aquella galería tan enorme como compleja. Pero yo en realidad me fijé en los patios, en esa luz que entra ferviente y fuerte hasta dentro del edificio, como si fuera calcada de una llanura inmensa, allí se hace refractaria. Vinculante hacia las paredes, por los ventanales que la transmiten dentro. Traslucida que se recrea en el interior. El patinillo del bar sirve de terraza, donde había varios estudiantes con estampa de colegiales. Como poseyendo el lugar con su sentada junto a las mesas, atenuando con su silueta aquella terracita. Dándole vida, informando al lugar de esa vida estudiantil, neocatecumenal, simbólica, esencial, transitoria. Con el mestizaje de la juventud en el estudio, de la sobriedad con la circunstancia. Luego salimos a la Plaza Cardenal Salazar, con esa breve intención de la despedida, y juntos nos fuimos por el callejón hasta la ermita de San Bartolomé donde de nuevo admiramos el recinto, con la palmera y la claridad entrando desnuda entre sus muros. Volviendo por la calleja, el pasadizo intimo y estrecho fuimos a dar a la esquina de la Casa de Sefarad, justo en la calle Judíos. Entre pláticas y conversaciones varias, mirando cada rincón de la Judería como si fuera la primera vez que andamos por ella. Por fin llegamos a la Puerta de Almodóvar en una comitiva que se interpelaba a si misma sobre la naturaleza que les había unido, en recordatorio a los últimos escritos literarios redactados, como prueba de una existencia seglar. Limitada a una afición a escribir que nos desborda y sigue en aumento cada día que pasa. Allí bajo aquel monumento en las entrañas de la ciudad nos despedimos, con la naturalidad de quien espera volver a verse pronto. Debían ser al filo de las cinco de la tarde, mientras la villa bullía en su trasiego y comodidad de un día laboral. 
 José Fco. Villa Jiménez
Córdoba, 1 de febrero de 2016