50 y crea, un colectivo amante de la literatura

Todo comenzó alrededor de una enorme mesa, envueltos por mil tarros de porcelana. Afuera, un ciprés que no lo es, nos lanzaba miradas de viejo altivo, cargado de leyendas y colmado de misterios.

Era Matilde quien nos relataba, con su voz de melocotón y de sal del puerto, las historias de las ventanas que se abren, de las luces que se encienden, de los pasos que se escuchan, de las siluetas desertadas de la morgue y de los perros que no cruzan la línea transparente, pero aterradora, que parece dividir lo real de lo imaginario.

Con muchas cosas que contar

Nos encontramos por vez primera, con la literatura como telón de fondo y la décima edición de Cosmopoética como coartada, en la vieja Facultad de Filosofía y Letras, el antiguo hospital, la propia Matilde, Andrés, Rosario, Paqui, José Luis, Pilar, Loli, Gregorio y Sonia; sumándose luego Remedios, Paco, Dolores y Encarna.

Nació así el colectivo 50ycrea, un grupo de amigos y amigas que han superado el medio siglo, a los que les une su amor por la literatura y que tienen muchas cosas que contar.

viernes, 12 de febrero de 2016

EL REGALO



Llovía, llevaba haciéndolo durante toda la semana no paraba ni unos minutos, la humedad y el frío de forma constante empezaban a hacer mella en casi toda la gente, todo el mundo estaba de muy mal humor, alterado, con los nervios a flor de piel; había quienes se sentían realmente exasperados con aquel mal tiempo, no sabía si sonreír o bajar directamente la mirada y seguir ignorando al resto de los mortales...
El se sentía así, lo cierto era que llevaba algunos meses dentro en una enorme depresión de la que sabía que no lograría salir...
Hacía ya dos semanas que había tomado la decisión, así que hoy se acercó hasta la agencia de viajes, recogió lo que tanto le había costado decidir durante años y en sus manos lo tenía.
Subió al coche, estaba empapado, pues no había parado de llover, no cogió el paraguas para llegar hasta la agencia, le daba lo mismo, pero la lluvia incesante le fue calando hasta los huesos... No importaba, sabía que llevaba lo que quería lo guardo a buen recaudo dentro de su cartera . 
Puso en marcha el motor.
 Antes de volver a su casa, pasó por la farmacia, necesitaba reponer la medicación que le faltaba, no le hubiera gustado olvidarse de ella precisamente ahora que ya había salido. Aprovechó, hizo algunas gestiones y finalmente llegó.
 Respiró profundamente al entrar, estaba todo caldeado y el ambiente era seco comparado con el exterior, se estaba bien... Muy bien. Quitándose las ropas húmedas, se puso cómodo y espero que llegara la hora de la cena.
Todo salió como él pensaba, la expresión de ella al abrir el sobre y ver los dos pasajes, fue maravillosa, llevaba años insistiendo en que viajaran a Egipto y los mismos llevaba el negándose, por lo que al ver el destino impreso en los billetes de avión, no supo qué decirle en ese momento.
 No importaba lo que costara, le quiso dar aquella sorpresa y haría lo que fuera para que no lo olvidase jamás.
La veía feliz, y él lo estaba por ella.
Los días en Egipto transcurrieron rápidamente, los dos disfrutaron al máximo, hacían todas las visitas posibles dentro de su itinerario e incluso saltándose el programa hicieron algunas otras que resultaron ser mejores aún. Veía la felicidad en su compañera, el lo sentía y había momentos en los que le costaba no emocionarse.
Quería detener el tiempo, odiaba mirar su reloj y ver que las horas transcurrían velozmente, que los días pasaban sin demora y que sus fuerzas comenzaban a flaquear con la misma rapidez...
Antes de salir de viaje, fue al médico, al doctor, le explicó sus intenciones y él no se negó a que él se marchase, pero tampoco le dio su aprobación. Solo se limitó a preguntarle si su compañera sabía lo de su enfermedad, el doctor insistió en saber si se lo había comunicado y tras un largo titubeo le dijo que no. Él  docto, no aprobó lo de su viaje, pero viéndole tan decidido, al final le recetó la medicación necesaria para todos esos días, con la promesa de iría a verle de inmediato en cuanto volviera.
Un par de días antes de regresar, el se sintió realmente mal. Se encerró en el servicio y no cesaba de vomitar. Su compañera le llamó insistentemente, nunca antes se había encerrado y esto hizo que ella le mirase interrogativamente cuando salió.
 - Debe ser algo que me ha sentado mal.
Volvieron del viaje, todo quedó en un recuerdo, pudo ver las fotos que habían hecho ya cuando estaba en el hospital.
Su compañera le recriminó que no le hubiera dicho nada, que no se lo hubiera contado, pero él, haciendo un alarde de valentía y reuniendo las fuerzas de las que ya no disponía, Le hacía ver y recordar lo bien que se lo habían pasado durante aquel viaje.
 Justamente eso era lo que ella estaba recordando ahora, sentada en el sofá, con el álbum de fotos delante y con lágrimas en los ojos. Hacía ya diez años que su compañero había fallecido.
- ¡Mama! ¿Vienes a cenar?
 - Era su hija de siete años.
- Sí, ahora voy.
 – Cerró el álbum y con él cerró por un tiempo sus recuerdos.
                                                                 Joselu
                                                            Enero 2016

1 comentario:

  1. Una bella historia contada con fluidez y tensión para que no decaiga el interés del lector. Perfecta. Un saludo

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