Un primer relato...
Iniciamos este blog con el primer relato que la profesora
del taller, Matilde, nos propuso, bajo un guión suyo.
De lunes a viernes le entraba la noche tras los muros del
antiguo hospital. Cuando profesores y alumnos terminaban su pulular por los
pasillos, Rafael empezaba su faena.
Aquella noche llovía lánguidamente. El viento mecía la copa
del ciprés del patio interior. La minúscula luna no era suficiente para ver el
enchinado, sí que se dejaba entrever la fuente.
A oscuras, ascendió por las escaleras secundarias, que aun
no conocía del todo de memoria, hasta alcanzar el corredor de las ventanas de
los nombres grabados a navaja. Cada vez que pasaba por este lugar, sentía uno
de esos escalofríos que se pegan a la espalda como los hilos de una telaraña.
A solo unos pasos del aula magna, mientras se encaminaba a
comprobar que todas las ventanas estuvieran cerradas, un golpe monótono,
preciso y rotundo, cobraba intensidad. Como una brújula sonora, aquel ritmo lo
guiaba hasta la puerta del antiguo despacho del director, ahora cuarto de los
trastos, desde hacía ¿cuánto tiempo ya?
La puerta se abrió hacia dentro empujada por una corriente
repentina. En la penumbra, ante la brisa fría que ocupaba la habitación, Rafael
entró buscando el postigo que tan insistentemente golpeaba. Le pareció también
escuchar cómo alguien correteaba por algún otro pasillo.
Sus ojos se posaron en el haz de luz plomiza que exhalaba el
flexo hacia una mesa auxiliar. Sobre ella, un costurero abierto, y al mismo
ritmo lento y pausado de una mecedora, una mujer daba puntadas sobre un
pantalón diminuto.
Rafael, acostumbrado a las sorpresas, las desgracias y los sinsabores
de la vida en el campo, donde ser valiente y hombre era casi la misma cosa, donde las penurias hay que aprender a
bebérselas de un trago, engulló otro escalofrío y se acercó, temblando.
Tiritando de frío, contaría luego en el pueblo.
La mujer, al verlo, paró su labor, colocó suavemente el
pantaloncito en su regazo y sin sobresalto alguno, le dijo: “Otra vez se ha
vuelto a escapar ¡Cómo es ese niño! ¿Ha visto usted a mi hijo?”
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