50 y crea, un colectivo amante de la literatura

Todo comenzó alrededor de una enorme mesa, envueltos por mil tarros de porcelana. Afuera, un ciprés que no lo es, nos lanzaba miradas de viejo altivo, cargado de leyendas y colmado de misterios.

Era Matilde quien nos relataba, con su voz de melocotón y de sal del puerto, las historias de las ventanas que se abren, de las luces que se encienden, de los pasos que se escuchan, de las siluetas desertadas de la morgue y de los perros que no cruzan la línea transparente, pero aterradora, que parece dividir lo real de lo imaginario.

Con muchas cosas que contar

Nos encontramos por vez primera, con la literatura como telón de fondo y la décima edición de Cosmopoética como coartada, en la vieja Facultad de Filosofía y Letras, el antiguo hospital, la propia Matilde, Andrés, Rosario, Paqui, José Luis, Pilar, Loli, Gregorio y Sonia; sumándose luego Remedios, Paco, Dolores y Encarna.

Nació así el colectivo 50ycrea, un grupo de amigos y amigas que han superado el medio siglo, a los que les une su amor por la literatura y que tienen muchas cosas que contar.

lunes, 20 de abril de 2015



ENTREGA DEL SEGUNDO PREMIO DE RELATO, ORGANIZADO POR "JORNADAS PARA LA IGUALDAD" DEL EXCMO AYUNTAMIENTO DE CORDOBA
ENHORABUENA  A NUESTRA COMPAÑERA LOLI JAIME


EL REGALO


“¡En pie! “-dijeron en la sala.
 -“Visto para sentencia”. -el juez lo declaró culpable:  cumpliría cadena perpetua.
Juan agachó su cabeza y murmuro: así debía ser.
Él reconoció su crimen,  tan cruel y sin justificación.
En el pueblo nadie daba crédito a lo sucedido. Juan y Mari eran un matrimonio normal. “Se les veían con sus hijos felices” decían las vecinas al conocer  los hechos.
Juan se ganó el respeto de los presos y funcionarios a lo largo de 20 años; los que llevaba preso. Siempre cabizbajo. Correcto cumplía su condena.
-Hoy tienes visita - Le comenta el funcionario de turno.
-Si, -dice Juan.
Siempre que tocaba había fotógrafos y cámaras de televisión en la puerta. Su caso, a pesar de los años transcurridos, era de interés público. Un ilustre psiquiatra lo estaba estudiando.
Juan se negaba  a que le digeran que fue un ataque de locura. Sabía que no fue así y le comentaba al doctor que no estaba loco y que le gustaba matar;  por eso tenía que estar cumpliendo condena, si no volvería a hacerlo.
Carlos, periodista, le pidió una entrevista para su cadena de televisión. Él se la concedió pero pidió  que esté el doctor estuviera  presente.
Juan empieza a hablar:
-Tenía trece años. Ahí empezó todo, con aquel maldito regalo que me hizo mi padre: la escopeta. Él era cazador y me hacia acompañarlo al campo. Yo no quería, y de ahí vino esa rabia contra mis padres.
-¿Tus padres? -pregunta Carlos.
-Si, él me obligaba y ella lo consentía.
Se hizo un silencio y luego continuó:.
-A los dieciséis años yo era violento, terrible, malo. Las escopetas me fascinaban. Tuve varias y cazaba de todo. Mataba por matar: palomos, gallinas, gatos, perros, lo mismo me daba. Me sentía satisfecho. Recuerdo que estuve a punto de matar a mi primo menor:  tenía un camaleón y yo lo quería, y como no me lo dio, se lo maté, y a punto estuve de hacer lo mismo con él, si no llega a aparecer mi tío. Ese día me llevé una buena paliza.
-¿Qué pasó con su hermana? - pregunta Carlos.
Maria tenía retraso mental y le daban ataques de epilepsia. Yo no la soportaba. Todas las atenciones eran para ella. Un día le hice la zancadilla y cayó por las escaleras. Yo me reía y el día que se la encontraron ahogada en la piscina, me alegré. Mi madre siempre dudó de mí en su muerte. Mi madre, sufrió mucho, aquellos años por mi culpa. Mientras ella más sufría yo mas rebelde me ponía.
No comprendía que tenía que estar todo apunto y exacto para mi padre, si no se exaltaba, rabiaba y nos amenazaba. Tenía que hacerse lo que él decía. Las pobres madres tienen que hacerlo todo. La primera que se levantaba, y era la última en acostarse.
Se llegó a decir que yo le había cogido manía a mi madre, y a sí fue. No soportaba que fuese tan sumisa y que no se enfrentase a mi padre, ni para defender a mí hermana Cari, cuando él abusaba de ella.
A pesar de los años, a Juan se le escapaban unas lágrimas.
-Luego, -continuó, ya a mis veinte años, no podía yo comprender todo lo que pasaba en mí. Mis arranques de mal genio. No consentía un “no” por respuesta: aún no comprendo por que sentía ese placer por matar,  si yo no quería hacer daño a nadie.
-¿Qué cambiaría? - le pregunta Carlos:
Juan,  le mira fijamente a los ojos,  y muy triste, responde:
-¡El regalo... hubiera preferido, un libro, por la escopeta! Quizás mi vida sería otra.


                                                                 LOLI JAIME.

                           

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