ENTREGA DEL SEGUNDO PREMIO DE RELATO, ORGANIZADO POR "JORNADAS PARA LA IGUALDAD" DEL EXCMO AYUNTAMIENTO DE CORDOBA
ENHORABUENA A NUESTRA COMPAÑERA LOLI JAIME
EL
REGALO
“¡En pie! “-dijeron en la sala.
-“Visto para sentencia”. -el juez lo declaró
culpable: cumpliría cadena perpetua.
Juan agachó su cabeza y murmuro: así
debía ser.
Él reconoció su crimen, tan cruel y sin justificación.
En el pueblo nadie daba crédito a lo
sucedido. Juan y Mari eran un matrimonio normal. “Se les veían con sus hijos
felices” decían las vecinas al conocer los hechos.
Juan se ganó el respeto de los presos
y funcionarios a lo largo de 20 años; los que llevaba preso. Siempre cabizbajo.
Correcto cumplía su condena.
-Hoy tienes visita - Le comenta el
funcionario de turno.
-Si, -dice Juan.
Siempre que tocaba había fotógrafos y
cámaras de televisión en la puerta. Su caso, a pesar de los años transcurridos,
era de interés público. Un ilustre psiquiatra lo estaba estudiando.
Juan se negaba a que le digeran que fue un ataque de locura. Sabía
que no fue así y le comentaba al doctor que no estaba loco y que le gustaba
matar; por eso tenía que estar
cumpliendo condena, si no volvería a hacerlo.
Carlos, periodista, le pidió una
entrevista para su cadena de televisión. Él se la concedió pero pidió que esté el doctor estuviera presente.
Juan empieza a hablar:
-Tenía trece años. Ahí empezó todo,
con aquel maldito regalo que me hizo mi padre: la escopeta. Él era cazador y me
hacia acompañarlo al campo. Yo no quería, y de ahí vino esa rabia contra mis
padres.
-¿Tus padres? -pregunta Carlos.
-Si, él me obligaba y ella lo
consentía.
Se hizo un silencio y luego continuó:.
-A los dieciséis años yo era violento,
terrible, malo. Las escopetas me fascinaban. Tuve varias y cazaba de todo.
Mataba por matar: palomos, gallinas, gatos, perros, lo mismo me daba. Me sentía
satisfecho. Recuerdo que estuve a punto de matar a mi primo menor: tenía un camaleón y yo lo quería, y como no me
lo dio, se lo maté, y a punto estuve de hacer lo mismo con él, si no llega a
aparecer mi tío. Ese día me llevé una buena paliza.
-¿Qué pasó con su hermana? - pregunta
Carlos.
Maria tenía retraso mental y le daban
ataques de epilepsia. Yo no la soportaba. Todas las atenciones eran para ella.
Un día le hice la zancadilla y cayó por las escaleras. Yo me reía y el día que
se la encontraron ahogada en la piscina, me alegré. Mi madre siempre dudó de mí
en su muerte. Mi madre, sufrió mucho, aquellos años por mi culpa. Mientras ella
más sufría yo mas rebelde me ponía.
No comprendía que tenía que estar todo
apunto y exacto para mi padre, si no se exaltaba, rabiaba y nos amenazaba.
Tenía que hacerse lo que él decía. Las pobres madres tienen que hacerlo todo.
La primera que se levantaba, y era la última en acostarse.
Se llegó a decir que yo le había
cogido manía a mi madre, y a sí fue. No soportaba que fuese tan sumisa y que no
se enfrentase a mi padre, ni para defender a mí hermana Cari, cuando él abusaba
de ella.
A pesar de los años, a Juan se le
escapaban unas lágrimas.
-Luego, -continuó, ya a mis veinte
años, no podía yo comprender todo lo que pasaba en mí. Mis arranques de mal
genio. No consentía un “no” por respuesta: aún no comprendo por que sentía ese
placer por matar, si yo no quería hacer
daño a nadie.
-¿Qué cambiaría? - le pregunta Carlos:
Juan, le mira fijamente a los ojos, y muy triste, responde:
-¡El regalo... hubiera preferido, un
libro, por la escopeta! Quizás mi vida sería otra.
LOLI
JAIME.
Enhorabuena, Loli, no dejes de escribir.
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